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Se apagó tabaco

Se apagó tabaco

Por: Grabiel Peña González.

Para la mayoría de los puertopadrenses el nombre de Alfonso Peña Pupo no dice mucho, pero si se habla de Tabaco o Tabaquito, alias que lo lanzó a la popularidad desde sus años mozos, entonces se reconoce al hombre humilde, acarreador de carbón, al combatiente, al hombre de las mil movilizaciones, al amigo, al individuo querido y afable, que ganó ser con su carisma y alegría contagiosa.  

Tabaco se fue apagando en los últimos años hasta dejar de existir físicamente este sábado ocho de noviembre, con su carga de casi 89 almanaques, la más pesada que llevó en sus más de 3 décadas como camionero.

De origen campesino, sufrió de pequeño la desventura de la pobreza, contribuyó al triunfo de la Revolución Cubana el Primero de enero de 1959, y construyó una familia de 9 hijos, a quienes supo inculcarles, a base de ejemplo personal valores humanos de honradez, solidaridad y responsabilidad.

Tabaco amó a la vida intensamente, disfrutó con gusto profundo de sus inseparables brevas, admiró la belleza femenina, degustó el genuino ron cubano, y tejió una larga cadena de amistades que supo sembrar y abonar hasta sus últimos días.    

A Tabaquito, quien dio ser a mi progenitor y de quien sentimos orgullo legítimo por la valía de su andar por la vida, lo recordaremos siempre con la dicha de haberle tenido como guía paterna, también con admiración y respeto porque vivió como quiso: de su trabajo y para su trabajo.

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